Se requiere cambiar hacia la construcción de un modelo integral.

Cada vez que un caso de abuso en un anexo se vuelve visible, la reacción pública es inmediata: indignación, condena y una exigencia que parece lógica en su simplicidad —cerrarlos. Sin embargo, cuando la discusión se detiene ahí, se pierde de vista un elemento fundamental: estos espacios no surgieron en el vacío, sino como respuesta a una necesidad que el propio sistema institucional no ha logrado cubrir de manera suficiente.
En México, la demanda de atención para personas con consumo problemático existe y seguirá creciendo. El problema es que, durante años, la construcción de una red profesional, accesible y supervisada de centros de tratamiento no avanzó al mismo ritmo. Ese vacío generó condiciones para que surgieran alternativas informales, algunas con intenciones legítimas, pero muchas sin los estándares necesarios para garantizar una atención adecuada.
En paralelo, los últimos meses han evidenciado un patrón preocupante en distintos contextos sociales: conductas que escalan sin contención, conflictos que no encuentran intervención oportuna y entornos que carecen de
herramientas para actuar antes de que la situación se deteriore. Cuando estos factores se combinan, el resultado es predecible: crisis que llegan tarde al sistema y que requieren respuestas más complejas.
En ese escenario, centrar la discusión únicamente en los anexos es abordar la consecuencia, no el origen. Porque cuando no existe un sistema estructurado de prevención, detección temprana e intervención profesional, las problemáticas no desaparecen; simplemente se desplazan hacia donde encuentran espacio.
Desde CONACON, la postura es clara:
“Cerrar sin sustituir no resuelve el problema. Lo traslada a zonas aún menos visibles y menos reguladas».
Por ello, el enfoque debe cambiar hacia la construcción de un modelo integral que articule prevención, atención profesional y supervisión institucional.
Esto implica no solo establecer estándares claros, sino también generar rutas de transición para los espacios existentes y fortalecer las capacidades del sistema en su conjunto. Porque hay una idea que comienza a tomar fuerza en el debate público:
“Muchas de las crisis que hoy generan indignación fueron, en algún momento, señales que no encontraron respuesta».
Mientras esa brecha no se cierre, el problema seguirá reapareciendo con distintos rostros, pero con la misma raíz. Frente a este panorama, desde CONACON se continúa impulsando la profesionalización del sector y la construcción de modelos de atención más seguros, éticos y efectivos. Asimismo, se mantiene abierto como un espacio de referencia técnica para instituciones, organizaciones y actores sociales que buscan orientación para fortalecer sus capacidades de intervención y prevención en materia de salud mental y adicciones.




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