¿Qué tan adecuada es la atención que realmente se está brindando?

La buena intención no sustituye la formación profesional

En México, la conversación sobre adicciones y salud mental ha dejado de centrarse únicamente en el acceso a servicios para desplazarse hacia una pregunta más incómoda, pero necesaria: ¿Qué tan adecuada es la atención que realmente se está brindando? En las últimas semanas, distintos casos difundidos en medios y redes sociales han  vuelto a poner en evidencia una realidad que el sector conoce desde hace tiempo: la existencia de prácticas inadecuadas que, en muchos casos, no derivan de la mala intención, sino de la falta de formación.

CONACON

Este punto es clave para entender la dimensión del problema. Durante años, la atención en adicciones ha operado en un terreno donde la experiencia empírica y la vocación de ayuda han tenido un peso importante, pero no siempre suficiente. La complejidad del fenómeno —que involucra factores psicológicos, sociales, familiares e incluso legales— exige algo más que buena voluntad: requiere preparación estructurada, criterios claros de intervención y un marco ético sólido. Porque hay una realidad que empieza a hacerse visible con mayor claridad: la buena intención no sustituye la formación profesional.

Cuando estos elementos no están presentes, el riesgo no es menor. Una intervención inadecuada no solo limita la posibilidad de recuperación, sino que puede generar efectos adversos en las personas que buscan ayuda. En ese sentido, es necesario reconocer algo que durante mucho tiempo se evitó nombrar con precisión: un mal tratamiento también es una forma de violencia.

En el contexto actual, donde la exigencia social sobre la calidad de los servicios es cada vez mayor, la profesionalización deja de ser una aspiración para convertirse en una condición indispensable. Las familias cuestionan más, los usuarios demandan mejores estándares y la opinión pública empieza a distinguir entre espacios que contienen y espacios que realmente atienden.

Este cambio obliga a replantear la forma en que se organiza el sector. Desde CONACON, se ha planteado la necesidad de avanzar hacia una Ruta de Profesionalización Institucional, que permita transitar de esquemas informales a modelos estructurados de atención. Esto implica fortalecer la formación especializada, impulsar la certificación de competencias, establecer mecanismos de supervisión continua e integrar modelos basados en evidencia que garanticen intervenciones seguras y efectivas.

No se trata de excluir a quienes han construido experiencia en campo, sino de integrar esa experiencia dentro de marcos profesionales que eleven el estándar general del sector.

El objetivo no es sustituir, sino transformar.

Porque, en el fondo, la discusión ya no gira en torno a si es necesario profesionalizar la atención, sino a la velocidad con la que el sistema será capaz de hacerlo sin seguir acumulando riesgos.

Ante este escenario, resulta indispensable contar con referentes técnicos confiables. CONACON se ha consolidado como un organismo que impulsa estándares, formación especializada y acompañamiento institucional para quienes buscan intervenir de manera responsable en el ámbito de la salud mental y las adicciones.

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